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miércoles, 12 de febrero de 2014

2014: segunda etapa


Los 26 artículos publicados en la primera etapa de este blog –en 2011 y 2012-- han intentado una aproximación a la obra de los cineastas Roberto Rossellini, Jonas Mekas, Luchino Visconti, Alexander Kluge y Jean-Marie Straub; los artistas plásticos Joaquín Torres García, Emilio Pettoruti, Louise Bourgeois, la abstracción geométrica en América Latina y el arte en la era soviética; los escritores Juan L. Ortiz, David Viñas, Mario Vargas Llosa y Elsa Morante; los fotógrafos Cristina García Rodero y David Goldblatt; el compositor Olivier Messiaen; y los directores teatrales Cristina Banegas, Mauricio Kartun y Rubén Szuchmacher.

En esta segunda etapa, que comienza en febrero de 2014, se añaden a las crónicas habituales, publicadas aproximadamente cada mes, un breve Cuaderno de Citas: textos de poetas (Antología), narradores o ensayistas (Fraseo) y de un libro reciente que plantee cuestiones de interés, elegido al margen de su valoración estrictamente crítica (Librería).


Fotografía en la ciudad: la mirada de Madrid

“El cuerpo ha sido uno de los grandes temas de la fotografía. Podríamos decir que esta nació con una vocación hacia la sexualidad plasmada en el desnudo. No obstante, basta recorrer PhotoEspaña 2013 para apreciar el modo tan diverso en que la fotografía ha tratado el cuerpo humano. El festival indaga en el erotismo, pero también explora la mirada erótica sin cuerpos, dirigida al mundo que nos rodea. En sentido opuesto, muestra la creación fotográfica no erótica cuyo protagonista es el cuerpo humano”. De esta manera presentaba el comisario Gerardo Mosquera la extraordinaria  profusión de imágenes que en junio y julio del año pasado consolidaron a Madrid como uno de los centros de difusión de la fotografía más amplios y variados de Europa. 

Las más de sesenta exposiciones ofrecieron entonces un abanico de propuestas y autores de enorme interés. El diálogo de imágenes entre dos maestros norteamericanos como Edward Weston y Harry Callahan, una notable colección vienesa de la vanguardia feminista de los años setenta, un análisis formal de las estructura del cuerpo del fotógrafo polaco de posguerra Zbigniew Dlubak, una colección del estadounidense Emmet Gowin (retratos de su mujer a lo largo de los años), escritos sobre el cuerpo que rescató Shirin Neshat de una antigua tradición iraní, el cuerpo en la danza y el teatro visto por la madrileña Laura Torrado, una colección de aproximaciones icónicas a la fotografía latinoamericana, el cuerpo como construcción social y campo de la historia personal visto por varios fotógrafos españoles contemporáneos, o un trabajo misterioso con la luz en los autorretratos de la artista lituana Violeta Bubelytè. 











Catalá-Roca. Entre finales de 2013 y enero de este año pudo verse en el Círculo de Bellas Artes una amplia muestra de un fotógrafo clave para la imagen documental española: el catalán Francesc Catalá-Roca (Valls, 1922-Barcelona, 1998). Su trabajo de tres décadas buscando imágenes para describir el país estuvo reflejado en una muestra titulada --sin exageración-- Obras maestras. El fotógrafo, siempre alejado de la grandilocuencia, tuvo como misión, recuerda el comisario Chema Conesa, "rescatar, inmovilizar instantes que la misma fotografía convertirá en relevantes. Sin añadir más construcción que la elección del instante y de la óptica”.
Finalizada la retrospectiva, una selección de más de 30 imágenes de este fotógrafo puede verse hasta el 1 de marzo en la tienda y galería de arte madrileña Tiempos Modernos.





William Christenberry. En la Fundación Mapfre, por su parte, una retrospectiva del fotógrafo estadounidense William Christenberry (Tuscaloosa, Alabama, 1936) permitió conocer a finales de 2013, a través de más de 300 imágenes, muchas de ellas de pequeño formato, un mundo narrativo original sobre el gran Sur norteamericano y una experiencia poética intensa acerca de las marcas que el tiempo deja en paisajes y objetos, con la presencia ausente de toda figura humana. Durante años, Christenberry volvió a los escenarios de su infancia, en el condado de Hale, y a partir de ellos desarrolló su vocación artística, utilizando pinturas, dibujos, instalaciones y esculturas (algunas de las cuales acompañaron esta exposición de sus fotografías). Ambientes rurales, mirada íntima, flujo narrativo en series acompañadas de textos precisos y evocadores del propio artista.




Killip y Salgado. En este momento --mitad de febrero de 2014--, entre las varias muestras de fotografía que ofrece la ciudad hay dos centros de interés indudable: uno es la exposición Génesis del brasileño Sebastiâo Salgado en la sede de CaixaForum. La fascinante muestra de Salgado, creador de imágenes de referencia sobre las grandes migraciones del siglo XX, permacerá abierta hasta el 4 de mayo y será tratada en una próxima entrega de este blog. El segundo es la amplia e importante retrospectiva del fotógrafo británico Chris Killip que ofrece el Museo Reina Sofía hasta  24 de febrero y que es analizada en un artículo aparte: Chris Killip, el documentalista de la ausencia.


Chris Killip, el documentalista de la ausencia

El mundo fotografiado por el notable artista británico Chris Killip (Douglas, Isla de Man, 1946), aquel de los astilleros y de las minas de carbón del norte de Inglaterra, de las industrias tradicionales y del trabajo manual, desapareció en menos de dos décadas, aunque en el momento de buscar con pasión esas imágenes, frecuentadas desde su infancia, la ausencia no era previsible de la manera tan veloz y radical como se dio. “He vuelto a esos sitios y lo que había ya no está, es decir que estas fotografías han adquirido un extraño poder testimonial”, comenta Killip, satisfecho porque ahora esos rostros anónimos de  la clase trabajadora británica puedan verse en las grandes y algo desangeladas salas del Museo Reina Sofía de Madrid, que alberga la retrospectiva Trabajo/ Work dedicada a su obra. (1). “Es muy emotivo ver mi trabajo en este marco precioso, gran parte de los que aparecen en las fotos son gente común, personas que no son homenajeadas generalmente. Estoy interesado en la gente que vive la historia, que no es una historia escrita sino observada. Siempre hay que buscar que se exprese auténticamente lo que está frente a ti”.




El trabajo de Killip (2) , uno de los renovadores de la fotografía de posguerra, se inspira en los fotógrafos que en los años treinta abrieron nuevas vías para la expresión de un mundo social documentado en imágenes y que en los años sesenta se reactivó significativamente en Gran Bretaña. “La fotografía que practico sucede en un lugar y un tiempo específicos y capta momento reales de la vida de las personas. La historia suele escribirse desde la distancia, casi nunca desde el punto de vista de aquellos que la padecieron”, afirma.

Esa especificidad hace que el actual sea un momento muy apropiado para valorar estas imágenes del pasado reciente, señala el ensayista y curador británico David Campany (3), ya que no están tan frescas en la mente de los espectadores ni tan consolidadas como parte de la historia. También esa corta distancia permite asociar, como se ha hecho, el trabajo paciente y solitario de Killip en el norte de Inglaterra con los estragos sociales causados por la era conservadora de Margaret Thatcher. El fotógrafo cree que el asunto es más complejo, entre otras cosas porque el período que abarca su obra –en el museo se exhiben trabajos realizados entre 1968 y 2004— es mucho más amplio, aunque admite ser “el fotógrafo de la desindustrialización de Inglaterra”.

Sin embargo, la ambigüedad de algunas  imágenes hace que estas se independicen de un ámbito referencial preciso y sean sometidas a lecturas diversas. El caso de una fotografía tomada por Killip en 1976, Joven en un muro (Jarrow, Tyneside) resulta paradigmático. Es la imagen, muy ampliada, que anuncia la exposición en el frente del Reina Sofía y ha sido portada de libros del fotógrafo británico. Podría ser la foto de un joven desocupado, víctima de la citada política económica y social. “Pero la he tomado tres años antes de que asumiera Thatcher, cuando el primer ministro era el laborista James Callaghan", aclara Killip. "Se escapa de ti lo que la gente interpreta”.


"JOVEN EN UN MURO"
Jarrow, Tyneside, 1976
En relación con esta foto emblemática, el fotógrafo y curador Gerry Badger subraya que observando el angustiado lenguaje corporal uno puede llegar a la conclusión apresurada de que se trata de un joven que ha esnifado pegamento, aunque se trate de un escolar de ropas raídas, con frío y aburrimiento. El tipo de botas que lleva, agrega Badger, simboliza a un tiempo su agresividad y su vulnerabilidad. Las resonancias más amplias de esta imagen derivan seguramente del hecho de que la fotografía fue tomada en Jarow, el nombre de un lugar emotivo para la historia social de Inglaterra, después de la marcha que en 1936 protagonizaron allí los trabajadores de los astilleros contra el desempleo masivo en el área.





Esta madeja de relaciones se fue tejiendo desde que el joven Christopher David Killip, que dejó la escuela a los 16 años,  se trasladó de la pequeña isla de Man donde se había criado a Londres, donde fue fotógrafo freelance: “Mis primeros retratos los hice como fotógrafo de playa, trabajando a comisión y diciendo `sonría, por favor’.  El retrato es un hilo que atraviesa y unifica toda mi obra.” Pero la decisión de abandonar los trabajos comerciales para dedicarse enteramente a construir una obra personal independiente se produjo inspirado por grandes fotógrafos documentalistas modernos como August Sander, Walker Evans o Robert Frank, cuyas obras vio en una muestra del Museo de Arte Moderno de Nueva York.

En 1970, a los 24 años, Killip volvió a la Isla de Man, donde trabajó en el pub de su padre por la noche y durante el día estableció una relación constante con paisajes y pobladores, origen de la visible empatía que trasuntan sus imágenes. En este y otros escenarios, el fotógrafo presenció el formidable cambio producido por el abandono de una industrialización que venía del siglo XIX y había marcado la vida y las costumbres de los trabajadores, que se hallaban en proceso de creciente marginalización. El libro Isla de Man reúne parte de ese trabajo y tuvo una edición limitada en 1973, pero siete años más tarde se publicó acompañado por textos del escritor y crítico de arte británico John Berger. Este libro inicial, de estructura clásica, fue comparado con una gran novela realista.

CHRISTOPHER KILLIP
"En cierto modo me veo a mí mismo como un historiador,
pero no de la palabra".

Procedente de un hogar cuyo padre tenía convicciones de izquierda, Killip se sumó al grupo de jóvenes artistas que, en medio de esta radical transformación, orientaron su lenguaje fotográfico y convirtieron la cámara en instrumento de cambio social. También impulsó esta corriente como colaborador de revistas influyentes como Creative Camera,  comisario de exposiciones en los años setenta y ochenta, y cofundador --y director un tiempo-- de la Side Gallery de Newcastle. En 1988 se publicó su segundo libro, In Flagrant, cuyas imágenes fueron exhibidas en el Victoria and Albert Museum de Londres y en otras ciudades europeas y significó un reconocimiento internacional para Killip. En este caso, siempre conservando la extraordinaria expresividad de sus imágenes, el libro fue asociado a la época de los tres gobiernos de Margaret Thatcher, iniciada en 1979, y que, entre otras cosas, laminó la industria tradicional de Escocia, Gales y el norte de Inglaterra.

Otro de los trabajos que ilustran un cambio de época es el de las fotografías que en 1989 le encargara la empresa Pirelli, y que muchos años más tarde integraron el libro Pirelli Work. El objetivo era retratar a los trabajadores de la fábrica de neumáticos. Killip recuerda ahora las dificultades técnicas que tuvo para hacer estas fotografías en el ambiente de oscuridad en que se hacía esta producción, pero a la vez la colaboración que encontró entre sus modelos, “que estaban orgullosos de su condición de obreros”.


PIRELLI WORK
"Este lugar de trabajo se convirtió, en un modo muy literal para mí,
 en un teatro. Yo registraba la perpetua reescenificación de un ritual forzoso,
con su propia y agotadora melodía, eso que llamamos trabajo".

Más de un centenar de fotografías reunidas para esta exposición, que incluyen las tomadas a los peregrinos de Irlanda a los que acompañó durante una década hasta 2005,  muestras distintos aspectos de su obra, no demasiado conocida, reflejan el encadenamiento narrativo de sus series,  y explican la influencia que ha tenido en distintos cultores de la imagen documental. Killip  obtuvo en 1989 el premio internacional de fotografía Henri Cartier Bresson y desde 1991 es profesor en la universidad de Harvard. En la entrevista que en 2012 le realizara Ute Eskildsen, proyectada en una de las salas del Reina Sofía, el fotógrafo británico explica su reticencia inicial frente al mundo de la docencia –que sólo practica en Estados Unidos, donde reside— y las aperturas de criterio que ha encontrado entre sus alumnos, además otras diferencias entre  ese país y su Inglaterra natal.

En un ensayo sobre la obra del fotógrafo (4), Gerry Badger señala que Killip es un “testigo apasionado” al que le interesan la autenticidad de las imágenes y cuya mirada como reportero no se caracteriza por "un voyeurismo autoindulgente” sino por un “imperativo moral”. No es un sociólogo con una cámara, no es un historiador. Es un artista, un poeta. Sus exigencias formales están siempre presentes en la obra del fotógrafo, que encierra un cierto romanticismo, siempre atemperado por el realismo e incluso por el pesimismo.












Las imágenes del fotógrafo británico --con frecuencia de individuos, a veces de familias, muchos menos de grandes grupos de gente-- no persiguen el documento puro, sino que son una interpretación, una mediación, que puede ser vista como una meditación sobre la comunidad, sobre aquellos que han perdido el sentido de pertenencia a una comunidad, concluye Badger: “Nacemos solos, morimos solos, pero entre tanto, señalan las imágenes de Killip con elocuencia, estamos mejor resistiendo juntos, luchando juntos. Si hay algún tipo de redención en su trabajo no reside tanto en sus cualidades formales sino en esto”.



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1- Museo Centro de Arte Reina Sofía de Madrid. Exposición Trabajo/Work, de Chris Killip. Abierta hasta el 24 de febrero de 2014:

2- Página web de Chistopher Killip:

3- Arbeit / Work (Steidl / Museum Folkwang, 2012), con textos de David Campany y Ute Eskildsen.

4- Chris Killip55 (Phaidon Press, 2001), con texto de Gerry Badger.


Otros libros publicados por el fotógrafo británico:

Isle of Man (Zwemmer, 1980), con texto de John Berger.

In Flagrante (Secker & Warburg, 1988) con textos de John Berger y Sylvia Grant.

Pirelli Work (Steidl, 2006), con texto de Clive Dilnot.

Here Comes Everybody (Thames & Hudson, 2009).

Seacoal (Steidl, 2011).


















 







Citas (I): Juan Gelman, Pere Gimferrer

ANTOLOGÍA 
Juan Gelman (Buenos Aires, 1930- Ciudad de México, 2014)

Arte poética

Entre tantos oficios ejerzo éste que no es mío,

como un amo implacable
me obliga a trabajar de día, de noche, 
con dolor, con amor
bajo la lluvia, en la catástrofe,
cuando se abren los brazos de la ternura o del alma, 
cuando la enfermedad hunde sus manos.

A este oficio me obligan los dolores ajenos,
las lágrimas, los pañuelos saludadores, 
las promesas en medio del otoño o del fuego,
los besos del encuentro, los besos del adiós,
todo me obliga a trabajar con las palabras, con la sangre.

Nunca fui dueño de mis cenizas, mis versos,
rostros oscuros los escriben como tirar contra la muerte.

(Del libro Velorio del solo, 1961)


XIII

eris
mi única avla/
no sé
tu nombri/

XIII

eres
mi única palabra/
no sé
tu nombre/

(Del libro en sefardí/castellano Dibaxu (1983-85)

CCLXXXI

Me cavo para no encubrirte más con visiones de tu abrigo largo. Un parpadeo dura mucho cuando se aparta el ser de sí en vuelos sin rumor. Libre aún entre muros de cemento y cal viva/arrojado a que nunca fueras certidumbre.
                                                            A Marcelo

(Del libro Hoy (2011-2012)


Verdad es

Cada día 
me acerco más a mi esqueleto.
Se está asomando con razón.
Lo metí en buenas y en feas sin preguntarle nada,
el siempre preguntándome, sin ver
cómo era la dicha o la desdicha,
sin quejarse, sin
distancias efímeras de mí.
Ahora que otea casi
el aire alrededor,
qué pensará la clavícula rota,
joya espléndida, rodillas
que arrastré sobre piedras
entre perdones falsos, etcétera.
Esqueleto saqueado, pronto
no estorbará tu vista ninguna veleidad.
Aguantarás el universo desnudo.

La Condesa, México DF
28 de octubre de 2013

                                                                   (Con Juan en la memoria)


FRASEO
Pere Gimferrer (Barcelona, 1945)

"...Pues todo poeta es fundamentalmente su lenguaje, es decir, el tipo de comercio en el sentido propio que con el lenguaje establece, y la palabra de todo poeta es fundadora e inauguradora en la medida en que proceda a fundar e inaugurar un `ser de lenguaje´ que antes de él no existía o no sabíamos o no podíamos percibir y que, en lo sucesivo, más que meramente a su poética individual, irá unida y subsumida en la propia corriente general del lenguaje poético, el poema que la historia de todo idioma e incluso más generalmente la historia de la lengua poética en cualesquiera idiomas está siempre procurando decir o está diciendo en el presente o nos dirá siempre. A este territorio esencial nos restituye la poesía de Juan Gelman".

(Del prólogo al libro Poesía reunida (1956-2010) del escritor argentino).




Citas (II): `El comunista manifiesto´, de Iván de la Nuez

LIBRERÍA


Tanteo de un síntoma

El ensayista, crítico y comisario de exposiciones cubano Iván de la Nuez (La Habana, 1964) ha escrito su último libro para palpar un síntoma: El comunista manifiesto abunda en la sospecha de que en 1989, con la implosión del sistema soviético, "el Muro se desplomó hacia los dos lados" y que "si bien en un primer momento los efectos fueron más evidentes hacia el Este --se les había venido abajo un Imperio-- la demolición posterior alcanzaría al mundo de los vencedores de la guerra fría".

El autor, que tras salir de Cuba vive en Barcelona desde principios de los años noventa, ha tenido oportunidad observar ambos procesos y supone que un fantasma vuelve a recorrer el mundo. De esta manera: "Los grandes hechos ocurren, como si dijéramos, dos veces en la historia: la primera como tragedia, la segunda como farsa´. Gracias al retorno cíclico de los acontecimientos, esta frase de Marx ha permanecido infalible. Hay, quizá, una tercera posibilidad para los grandes hechos: la de suceder como estética. Esa eventualidad cruza este libro".

De la Nuez otea ese horizonte y percibe que en las últimas dos décadas en Occidente han proliferado una gran cantidad de libros, exposiciones, marcas comerciales, canciones y todo tipo de fenómenos estéticos que llevan el sello del Este comunista, derrotado en lo político y superviviente "como un zombi" en una amplia zona de la posmodernidad artística. Al hilvanar esos fenómenos el libro genera a partes iguales interés y decepción. Promete mucho: la enumeración es muy veloz, en 172 páginas desfilan  numerosos autores y fenómenos, percepciones diversas, con la probable voluntad de ofrecer una suerte de retablo (virtual) de una zona significativa de la realidad. Las interpretaciones de los hechos y las conexiones de esos síntomas con el cuerpo social, e incluso con el entramado estético del que emergen, se diluyen casi siempre en su mera enunciación. El autor es consciente de ese peligro y ya en la página 34 (y luego en la 59) cree necesario aclarar: "Resulta obvio, a estas alturas, que este libro no aspira a convertirse en una teoría sino en el tanteo de un síntoma"..."El tanteo de una señales que parecen probar la reaparición del comunismo en Occidente. Un ensayo más, no la teoría de ese retorno".

Un ademán ensayístico que avanza a tientas, a veces agudamente, sabiendo que está lejos de la ontología de este presente que bascula entre dos épocas.

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El comunista manifiesto. Un fantasma vuelve a recorrer el mundo, por Iván de la Nuez. Galaxia Gutenberg /Círculo de Lectores. Serie Actualidad. Barcelona, octubre de 2013.